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Aquí están, estas son las obreras sin patrón

Por Andrea D´Atri
www.andreadatri.com.ar

Los medios anunciaban alerta meteorológico en la ciudad de Buenos Aires. Nuestras voces anunciaban

Alerta, alerta, alerta que caminan obreras sin patrones por las calles de Argentina

Afuera llovía y el viento helado en plena primavera porteña nos sorprendía a muchos en mangas cortas y sandalias. Adentro de la carpa, sin embargo, no había sorpresas para quienes ya sabían que el triunfo, tarde o temprano, les pertenecía.
Los policías seguían en la puerta de la fábrica, con los escudos y los cascos mojados, inmóviles. Nosotros siempre movilizándonos, les dijimos

Policía represor, ay qué cosa más fulera,
defendiste a los patrones y ganaron las obreras

No se podía parar tanta alegría, no se podía parar ni con el frío, ni con la lluvia, ni con la policía, ni con el cansancio, ni con nada...

Cómo me voy a olvidar, Jacobo Brukman lo que me hiciste
Cómo me voy a olvidar, si con la yuta nos reprimiste
Vamo’ a volver
Ya vas a ver
Lo que la lucha consigue
Vas a llorar, vas a llorar
Vos, los carneros y toda la Federal...

Una vez, dos veces, tres, quinientas... los que nos pudimos acercar a la fábrica sólo paramos de cantar para escuchar a Celia, Amalia, Elisa, Esther, Yuri, Delicia, Juan Carlos, Sergio, Miguelito, Zenón, Leonor que sólo tuvieron palabras de agradecimiento por el apoyo recibido, que nos dejaron bien en claro que no piensan bajar la guardia, que nos dijeron que saben con certeza que el triunfo es el producto de su lucha y no un regalo del cielo.
El cielo, mientras tanto, se caía sobre la carpa, donde las goteras parecían chorros de manguera.

Esta lluvia de mierda, no quiere parar... ¡es Jacobo que no para de llorar!

Dos obreros de Zanon, en la carpa de las obreras, se estaban perdiendo los festejos que había allá lejos, en Neuquén por el día del ceramista. Pero encontraron el mejor lugar para festejar y el mejor regalo: el triunfo de las obreras hermanas de Brukman que los contagiaba, que les daba aliento y que les permite seguir soñando con su propio futuro.

Mañana, dijo alguien, serán muchos los que quieran adjudicarse el triunfo. Enseguida se sacarán la foto del abrazo, del corte de cinta, de la sonrisa falsa y la palmeada en la espalda, los advenedizos, los oportunistas, los arribistas de último momento, los que se creen dadivosos, altruistas, los que quieren calmar su conciencia. Que se saquen la foto.
Las obreras de Brukman guardarán en lo más profundo de su corazón una sonrisa cómplice. Sabemos que el triunfo es de quienes recibimos los palos, las balas de goma, los gases lacrimógenos, los que juntamos firmas, los que juntamos plata para el fondo de lucha, los que gritamos al mundo por todos los medios de comunicación, los que dormimos en la carpa para hacer las guardias cada noche, los que no estuvimos de acuerdo con sus decisiones y sin embargo nos quedamos ahí, los que estuvimos de acuerdo con sus decisiones y también estuvimos ahí.
Pero fundamentalmente todos sabemos que el triunfo es de ellas, de esas mujeres que saltaron las vallas policiales, las vallas de la justicia, las vallas de la propiedad privada y las vallas de la opresión patriarcal para luchar por lo que creyeron.

Brukman es de las trabajadoras
Y al que no le gusta... se joda, se joda